lunes, 25 de febrero de 2008

Entre bandoleros_ Froilán Alama, un personaje histórico y literario

FROILÁN ALAMA, EL BANDOLERO DE LA
REALIDAD A LA FICCIÓN


I. INTRODUCCIÓN
A lo largo del Siglo XIX y principios del Siglo XX el bandolerismo fue una de las múltiples formas de protesta y rebeldía contra el orden socio-económico establecido en la época.
Según Eric Hobsbawn, el bandolerismo equivale o es sinónimo de libertad en la medida que los integrantes de las bandas o cuadrillas preferían vivir al margen de las leyes procurando tener una forma de vida más acorde a sus cánones de justicia y libertad individual, es decir, la posibilidad a una mayor independencia unido a incentivos materiales bastante atractivos.[1]
Sin embargo en esa búsqueda de su independencia y el hacer justicia por su propia cuenta; al parecer, no les importaba en absoluto valerse de cualquier medio para conseguir sus fines últimos. Las bandas guiadas por un capitán o líder asaltaban, robaban y muchas veces mataban a sus víctimas en pleno camino sin tomar en cuenta la propia libertad de los arrieros y comerciantes de la ciudad.
Por otro lado, para el escritor Enrique López Albújar, el bandolerismo fue una organización social que nació en el sector rural, principalmente en la zona costeña del Perú, es decir los sectores campesinos de Piura, Paita, Sechura, Sullana y Tumbes.[2]
Todo esto indica que el bandolerismo como tal fue un movimiento eminentemente costeño aunque, cabe señalar también, que las serranías piuranas (Huancabamba, Ayabaca), fueron escenario de algunos crímenes realizados por un grupo de bandidos.
Las causas de este fenómeno fueron descritas por José Valladares, quien afirma que entre los principales móviles del bandolerismo se encuentran la miseria; la ineficiente administración pública; la falta de seguridad y defensa policial en los caminos; la inestabilidad política del Perú republicano y la desigualdad de oportunidades laborales. Pero la generalidad de los escritos centra su atención en la explotación que sufrían los campesinos al no tener acceso a la tierra de una manera más justa y equitativa, como una de las principales causas del bandolerismo en el Perú y de forma singular en Piura.
De esta manera los caminos y carreteras piuranas estuvieron infectadas por diferentes bandoleros quienes a mano armada atacaban a los viajeros, especialmente en las rutas de Morropón, Chulucanas, Tambogrande o en la serranía. Asimismo, estos hijos del delito entraban a la propia casa de las víctimas (casa-hacienda) a cometer sus fechorías causando temor y terror en los pueblos aledaños a la ciudad.
En vista de que estos grupos estaban comandados po un cabecilla, muchos de los capitanes o jefes del bando gozaban de gran fama regional y nacional por las hazañas y astucias que realizaban frente al cuerpo policial (violando las leyes de vigilancia) o frente a sus víctimas de turno (arrieros, comerciantes, hacendados, etc.). Entre ellos, destaca, en un primer momento, Juan Mata Martínez (Sambambé) y sus compañeros de grupo: Palomo, Pajarito, Chacal y El Negro Arce y en un segundo momento, en la década del veinte, surge la presencia de un nuevo brote de bandoleros comandados por el famoso Froilán Alama, Toro Mazote, El Mote, Pisa Candela, Moro Frías, Rosa Palma, Meca, etc.
Los dos grupos anteriormente mencionados tuvieron como máximos exponentes del delito a los destacados bandoleros Sambambé y Froilán respectivamente. Ellos, de manera romántica, fueron llevados a la literatura como personajes legendarios que marcaron historia y tradición en su época y hasta ahora en la Piura actual.
II. RAÍCES HISTÓRICAS DE FROILÁN ALAMA, EL BANDOLERO PIURANO
Según la tradición oral de Chulucanas, la existencia de este famoso personaje permitía a los habitantes de la ciudad, sobre todo los más necesitados, gozar de derechos y beneficios ante los maltratos de los gendarmes y dueños de las haciendas quienes aprovechándose de la condición humilde de los peones, los explotaban; y en el plano policial, hacían caso omiso a sus denuncias o peticiones. En ese sentido el héroe del pueblo, en venganza por los abusos que cometían a su gente, a caballo y con pistola en mano, asaltaba y robaba a las haciendas de los ricos para después, de los bienes obtenidos, repartirlos a los pobres, como una especie de “Robin Hood Piurano”. [3]

Sin embargo los documentos encontrados en el archivo Regional de Piura y noticias publicadas en reconocidos periódicos de esta ciudad permiten tener una visión más objetiva de la realidad ante la mitificación de este famoso bandolero.
Froilán Alama comenzó sus actividades delictivas desde el año de 1923, pero se hicieron más frecuentes y graves entre 1930 y 1931, años en que “El Tiempo” y “La Industria” comenzaron a redactar páginas enteras sobre este señor del bandolerismo piurano.
En uno de los documentos encontrados en el Archivo Regional de Piura aparece un expediente completo sobre un juicio en contra de Froilán Alama por los delitos de asalto y robo junto con sus otros compañeros de crimen José Meca, Miguel Alvarado, Lázaro Cano, José Castillo, Baldomero Castillo y Florencio García.
Los demandantes y agraviados, –doña Ventura Rojas junto con los arrieros testigos del asalto Ángel María Hernández y Patrocinio Domínguez–, comparecieron ante el teniente gobernador de Chulucanas don Belisario Rubio y el comisario don Roberto Garcés, dando sus declaraciones ante el nefasto suceso ocurrido el 7 de febrero de 1923. Ellos afirmaron que en la salida de Chulucanas, aproximadamente a las 6 de la tarde, fueron asaltados por cuatro sujetos vendados, a caballo y con carabina en mano. Dos de ellos fueron quienes amarraron y golpearon a Ángel Hernández y doña Ventura para que les indicasen en donde se encontraba el dinero.
Esta última les señaló uno de los sacos de la mercadería, el cual contenía 750 soles más una alforja llena de joyas (cadenas, sortijas, peinetas de oro y otras especies) además de trajes nuevos de vestir. Todo ello fue arrebatado por los desconocidos sujetos quienes a todo galope escaparon dejando parte de la mercadería a Patrocinio quien al encontrarse suelto, inmediatamente logró desatar a los demás y escuchar el apellido Alama a uno de los bandoleros que huían.[4]
Con esto se puede comprobar que Froilán Alama realizaba sus hazañas no de manera individual sino en compañía de otros bandidos y para ello utilizaba el maltrato físico y la coerción para intimidar a sus víctimas con el meta de obtener el dinero y las mercancías necesarias para después repartirlas entre los integrantes del bando, mas no a los más necesitados.
Otro de los casos más mencionados ocurrido en agosto de 1923 fue el asalto y robo realizado por el mismo bandolero a uno de los arrieros que transportaba telas de la prestigiosa tienda Arens y Lessel. Esta vez el escenario no será precisamente los caminos de la costa, sino los despoblados de la sierra huancabambina.
Se trata del asalto y robo ejecutado por los mismos bandidos al arriero Alpino Girón y otro arriero, quienes transportaban 18 fardos de tela de brocado blanco hacia Morropón, una mercadería propia de la casa de telas Arens y Lessel. Ambos afirmaron conocer a Alama no por el rostro, ya que se encontraba vendado, sino por la voz aguda tan conocida por el pueblo, al ordenarles fuertemente, con carabina en mano, que se bajaran del burro y se apartaran del camino. Ambos arrieros estaban bien vigilados por los otros bandoleros mientras Froilán sacaba de las alforjas 9 fardos de tela y al finalizar tamaña acción huyo junto con los otros.[5]
Al parecer, los arrieros conocían, en cierta medida, al este bandolero líder que desde esa época ya comenzaba a causar terror por sus actividades criminales; a las cuales el autor de dichos delitos negaba rotundamente, ante el cuerpo policial, ser partícipe de los mismos. Así lo afirma él mismo en una de las declaraciones que rindió ante el juez de primera instancia, Dr. Otoniel el día 04 de febrero de 1924, año en que fue capturado en los despoblados de Chulucanas, cuando en presencia de su defensor, el Dr. L. Parra, declaró lo siguiente:
[…] yo nunca he sido enjuiciado, ni preso. Además fui al despoblado con el objeto de comprar un chancho y acompañado de mi compadre Antonio Selva quien dijo conocer a un amigo que podía conseguirme el animal y así nos fuimos en nuestras bestias cuando de pronto se nos juntó Miguel Alvarado
quien estaba armado y montaba una yegua negra. Él nos pidió que lo acompañáramos a un sitio donde iba a obtener una gran mercadería, y enseguida convenimos ayudarlo […] A una distancia de dos cuadras encontramos a unos arrieros amarrados […] rompimos los sacos de la mercadería y sólo nos llevamos dos cajones de alcohol, el resto lo dejamos porque teníamos prisa.[6]

Este testimonio comprueba la falta de veracidad y credibilidad de Froilán Alama en el momento de la comparecencia, negando y tergiversando los verdaderos hechos que ocurrieron en el asalto contra doña Ventura Rojas. No sólo era hábil en asalto y robo sino también en la gran mentira.
Los casos anteriormente mencionados demuestran que el principal autor de los crímenes por asalto y robo tienen como principal eje al famoso Froilán Alama, quien de manera despiadada, atemorizaba a sus víctimas para obtener las mercancías de las mismas. Por otro lado, se corrobora al mismo tiempo que los caminos de Chulucanas y Morropón no eran los únicos privilegiados para estos malhechores, pues también los parajes serranos estaban entre los escenarios favoritos para cometer los asaltos., de ahí que para la guardia civil era difícil llegar con su paradero debido a la diversidad de caminos y rutas que escogían los bandidos para realizar sus delitos.
No obstante, los hechos y denuncias anteriormente descritas son de poca trascendencia ante el asesinato u homicidio alevoso que propinó el mismo Froilán a uno de los integrantes de la Guardia Civil, el honorable Jiménez Chávez.
Él se encontraba en Tambogrande dentro de la nombrada hacienda “Malingas” momentos antes de su muerte; suceso que marcó un hito en la historia policial y en Piura en particular. Quizás este espantoso crimen fue el inicio de una sigilosa y ardua búsqueda para llegar a la ansiada captura del Robin Hood piurano, quien terminó acribillado en el despoblado de Garbanzal, perteneciente al distrito de Olmos, el 25 de septiembre de 1932.
Debido a la gravedad del caso y a la polémica que produjo este nefasto crimen, la prensa empezó a hacer eco de este cruel asesinato. Así lo demuestra el diario La industria en su siguiente titular: “Ecos del alevoso asesinato del Guardia Jiménez Chávez en Malingas. El sepelio, las pesquisas y otros informes”.
Poniendo éste mayor atención a la herida mortal que le propinó Alama al joven policía, citó a continuación.
[…] El guardia Antonio Jiménez Chávez ingresó al hospital de esta ciudad a la 1:00pm. La herida que presentaba este infortunado hombre era mortal, pues el proyectil penetró de atrás hacia delante a la altura del ombligo saliendo por la parte posterior de la izquierda de la columna vertebral. El proyectil rompió los intestinos, delgado y grueso, lo que originó el derrame de las sustancias excrementicias y como consecuencias le sobrevino una peritonitis aguda muriendo a las 8:00 del 15 de julio rodeado de las hermanas de la caridad en compañía de su llorosa madre Tomasa Chávez y su esposa Mercedes Lázaro quien pidió justicia inmediata para el autor del crimen […] Fue el testimonio recibido por los doctores de turno Navarro y Silva Velásquez.[7]
En otro plano, el diario “El tiempo” no dejó de escribir y comentar sobre este terrible hecho que al parecer esaba originando estupor por los habitantes de la ciudad de Piura, Así comienza uno de sus titulares: “No hay desmayo en la persecución del criminal Alama”.
Hasta ahora no se ha podido dar con el paradero del bandolero Froilán Alama, autor de las recientes muertes del guardia civil Antonio Jiménez y del campesino Dolores Arrunategui. […] El personal policial de los pueblos de Chulucanas, Tambogrande y Morropón así como las comisiones de todas las haciendas hartas de los abusos de este bandolero unieron fuerzas junto con el gobernador para seguir las huellas del fugitivo criminal, teniendo algunas pesquisas sobre el paradero del asesino. […] Los familiares de los fallecidos reclaman a gritos hacer justicia.[8]
Por último, no se puede dejar de mencionar los documentos encontrados en el Archivo en donde aparecen las denuncias contra el famoso criminal, entre los demandantes se encuentra el sargento Guerrero quien brindó el testimonio respectivo ante el teniente gobernador Chirinos.
Después de victimar al guardia Jiménez, Froilán en compañía con otros desconocidos huyeron abandonando las dos bestias que montaban, una mula negra y una yegua marrón, dejando además una carabina Mauser (modelo argentino) con 176 cápsulas y 15 de revólver calibre 38, 1 manta de hilo, 20 piezas de plata, tres alforjas con telas. […] Todas estas especies fueron robadas la tarde del 13 de julio, asalto que ya era de conocimiento para la guardia civil, la cual se encontraba el día del crimen para capturar a los violadores de la ley.[9]
Con todos estos datos históricos se puede sacar un perfil auténtico de Froilán Alama. ¿Se tratará de un bandolero común y corriente? Pues efectivamente no, ya que los constantes robos y asesinatos lo configuraban como un personaje cruel y despiadado ante sus víctimas logrando muchas veces acabar, sin la menor piedad, con la vida de las mismas. ¿Por qué será que en las fuentes orales esta figura del bandolerismo piurano haya pasado como un héroe mítico antes que un antihéroe? ¿Acaso la leyenda y la fama que se comenta en la tradición oral ha sabido elevarlo a la postura de todo un caballero generoso que ayudaba a los más necesitados? ¿Qué habrá podido pasar para que exista esa gran diferencia entre la versión real e histórica de los acontecimientos y la versión literaria del personaje? En realidad, la versión legendaria, base fundamental para la creación del Froilán Alama como personaje literario, se opone a la información encontrada en los archivos históricos, que no comentan por ningún lado la humanidad y generosidad de este conocido bandolero.
III. FROILÁN ALAMA, TODO UN PERSONAJE LITERARIO
De acuerdo a las hazañas que realizaba esta figura del bandolerismo piurano y a la astucia con que burlaba a las autoridades policiales, Froilán Alama se convirtió no sólo en un personaje histórico que marcó el escándalo en su tiempo, sino que además fue llevado al ámbito de la literatura regional, pues en ella se recopila de manera muy particular la leyenda tradicional sobre el personaje que nos ocupa. De entre todos debemos destacar la eficacia en el uso del lenguaje popular del escritor Carlos Espinoza León, quien hace un perfil detallado de este bandolero principal en su obra más conocida: Froilán Alama, el bandolero.
… Cholito chiquito, buen mozo, empeñoso y cumplidor del deber, habíase ganado el afecto y simpatía de sus superiores, por ello ascendió al rango de sargento segundo. Además era uno de los más diestros en el uso del fusil y el revólver aparte de montar con destreza, pues pertenecía al armo de caballería… En cierta ocasión sus compañeros se confabulaban para hacerlo parecer como culpable en el robo de un revólver de su superior… desertó del ejército llevando consigo una carabina, un revólver y munición del Estado.[10]
Según los datos históricos recopilados por uno de sus biznietos, Francisco Hernández Alama, su bisabuelo había servido al ejército entre los años 1913 y 1914, un año después desertó, información que explica la habilidad que tenía Froilán con la carabina, el revólver y el caballo, elementos indispensables para un bandolero de la época.
Además, por la descripción que hace Espinoza, se puede reconocer una identificación y afecto personal del autor con el personaje protagonista ya que los campos semánticos que utiliza: cholito, buen mozo, empeñoso, cumplidor del deber, afectuoso con lo demás, etc. denotan cierta cercanía y preferencia del propio autor con el jefe del bando piurano. En una de las entrevistas que el autor ha concedido, éste afirmó que en el momento que empezó a escribir su obra ya había recogido todos los datos históricos y tradicionales del pueblo de Chulucanas y fue tanto el cariño que le inspiraba que al llegar al epílogo de su obra no quería matar al protagonista. Sin embargo la verdad era otra: lo asesinaron.[11]
Por otro lado, el autor centra su atención en la bondad del personaje hacia los más necesitados dándole un recargado humanismo haciéndolo reconocer como una aunténtica figura humana.
… Después se dedicó al asalto de las haciendas de los blancos. De éstas obtenía ganancias para ganarse la simpatía, protección y encubrimiento de los campesinos a quienes le repartía el dinero, las telas, víveres y reses que robaba a los ricos…[12]
Quizás por esta razón los beneficiados por él y sus amigos comenzaron a crecer y proliferar la benevolencia de esta figura del bandolerismo. De ahí que en la tradición oral este legendario personaje sea concebido como un héroe mítico que intentó (a su manera) hacer justicia por sus manos defendiendo a sus hermanos campesinos del pueblo.
En la serie de intendencias criminales y periódicos sólo comenta la parte negativa y oscura de Froilán, mientras que lo bueno, lo humano y lo atractivo de él ha podido servir para la trascendencia de este bandolero en la literatura.
Así lo narra Espinoza León:
Párate, párate, nunca un hombre debe hincarse ante otro hombre, eso sólo se hace ante Dios –dijo severamente el negro– así hablan y dicen; pero amigo si te digo que nadie sabe lo de nadie; las apariencias engañan. Yo no soy un criminal, yo me defiendo nada más. Protejo mi vida, esta vida que ya cansa, pero qué creo puedo hacer sino puedo vivir como gente honrada.[13]
El escritor hace todo un análisis psicológico del personaje, lo que siente, lo que piensa, sus creencias religiosas, incluso llega a justificar la mala reputación que tiene Froilán ante los comentarios de la gente con la finalidad de capturar y llamar la atención del autor, es decir, apelar a una reivindicación del bandolero; pero en la otra cara de la moneda: lo positivo de un aparente criminal.
Con respecto al escritor Raúl Estuardo Cornejo, quien de una manera anecdótica y dialogada describe algunas de las características personales de Froilán, a través del viejo Matías, un amigo íntimo del famoso bandolero: “Yo conocí a Froilán Alama y fue mi amigo, les digo ¡Mi gran amigo!... Fueron las polleras que mataron a Froilán Alama”.[14]
Además Estuardo intenta, al igual que Espinoza León, reivindicar ESTE personaje legendario poniendo mayor atención a las bondades para con su pueblo.
Asaltó, robó, incluso mató, empero, ayudó siempre a los pobres y desvalidos castigando en forma cruel y sangrienta a los transgresores de la justicia… Fue un verdadero caballero del delito.[15]
Así, el autor intentó darle otro sentido a Froilán, presenta las actividades delictivas del personaje, pero al igual que Espinoza, trata de minimizarlas para engrandecer sus virtudes como un verdadero caballero, pero en este caso, un caballero del delito. No obstante Estuardo Cornejo no sólo trata el tema de bondad en Froilán Alama, sino que también plasma la parte amorosa, es decir, un don Juan en los parajes y despoblados de Piura.
Ambas posturas, Espinoza y Cornejo, de manera romántica engrandecen y elevan al protagonista de sus obras narrativas a otro nivel. Es decir, de un bandolero despiadado y cruel (según la historia) a un ser humano que siente, que piense, que ama y que lucha para lograr una mejor situación desde su propia condición social.
Por lo tanto más que una deshumanización del personaje, es decir por los actas crueles que cometía al atacar a sus víctimas, se percibe un humanismo y solidaridad con la gente de su mismo estatus social, dentro del cual pasaba penurias y sufrimientos al igual que sus hermanos; en ese sentido el cruel bandolero se convertía en un bondadoso hombre quien se encontraba a la expectativa para vencer a los que consideraba sus enemigos (policías y hacendados). De ahí que se pueda interpretar la presencia de cambios constantes en la personalidad de Froilán donde metafóricamente aparece el tiempo como un puente entre la bondad y la maldad. En Carlos Espinoza León la noche o el atardecer constituía el momento preciso para que Froilán Alama realizara sus atracos con la gente rica o la misma guardia civil ; mientras que el día, la luz permitían al protagonista de su obra hacer actos buenos, comunes a los demás habitantes: estar en familia, conversar con sus amigos o asistir a fiestas sociales.
Lo mismo ocurre en Raúl Estuardo Cornejo cuando a plena luz del día el entrevistador, tomando chicha con el viejo Matías intenta descubrir las aventuras de Froilán Alama quien para el anciano era considerado su mejor amigo y la amistad aparece como un valor puramente humano que tare recuerdos inolvidables. De esta manera, el viejo Matías, le va narrando los sucesos buenos que ejecutaba el famoso bandolero y las penurias por las que atravesó. ¿Por qué será precisamente el día y no la noche? Porque el día es símbolo de claridad, de tranquilidad y por qué no decirlo de felicidad, ya que este personaje literario, sólo la encontraba la paz al lado de sus seres queridos; pero llegada la noche su vida se transformaba pasando a ser un prófugo de la justicia defendiéndose día trasdía ante la guardia para sobrevivir aún sabiendo que la hora y el momento preciso se le aproximaba, y es justamente en un atardecer del día 25 de septiembre (mes de la primavera) donde la muerte se le presenta atrozmente muriendo acribillado en Garbanzal Olmos.

IV. RESOLUCIÓN FINAL : Froilán Alama, el bandolero de la realidad a la
ficción
Los casos expuestos aquí han sido trabajados teniendo en cuenta dos fuentes: las fuentes documentales del Archivo Regional de Piura o periódicos de la época y las narraciones literarias que sobre los bandidos se ha podido tener a nuestro alcance. En ese sentido, podemos concluir que en muchos de los hechos narrados la distancia que existe entre la versión literaria y la realidad histórica acerca de la existencia del bandolero Froilán Alama es enorme. Sin embargo lo que más hondo ha calado en la imaginación popular ha sido la versión literaria.
En segundo lugar, concluimos que el bandolero, por mucho romanticismo que haya alrededor de su figura y de su protagonismo social, en realidad se trataba de un ladrón común. Ni el Sambambé de López Albújar, ni mucho menos el Froilán Alama de Estuardo Cornejo y Carlos Espinoza León escapan de esa catalogación y más aún cuando ambos aparecen como los cabecillas de todo un grupo de bandidos.
Las descripciones mostradas tanto en los documentos históricos como en las obras literarias permiten representar al bandolero Froilán como un desadaptado social que vivía al margen de la ley y que al hacer sus atracos y robos poseía pocos principios morales.
Por último, a pesar de que la historia o el pasado real de Froilán Alama no es la más adecuada a los ojos de tradición oral; la supervivencia de este reconocido bandolero hasta la actualidad no se debe a los aspectos negativos de este personaje piurano sino que se enfoca principalmente en la bondad y generosidad, cualidades muy humanas que identifican a Froilán como el famoso Robin Hood piurano o como el héroe del pueblo.
Si bien es cierto que el bandolerismo fue uno de los mayores conflictos sociales que azotó a Piura y la historia republicana en general, la vida de Froilán Alama ha servido de inspiración para Estuardo Cornejo y Espinoza León, que de manera literaria intentan reivindicar a este famoso bandolero a la sociedad rescatando en él su humanismo para con los demás antes que la deshumanización de los robos que cometía.
Ser ladrón, pícaro, asesino, jefe de banda, hábil con el arma y el caballo, lo que no cabe duda es que este importante bandolero, en la historia de Piura, supo ganarse el cariño, admiración y respeto de todo un pueblo como un líder que luchó a su manera por su gente para liberarlos del oprobio e injusticias ante los hacendados y las autoridades.












BIBLIOGRAFÍA

§ FUENTES DOCUMENTALES (1923-1930 )Archivo Regional de Piura.
§ FUENTES ORALES( 2006) Testimonio realizados a la sra. Carmen García , a Hernández Alama, biznieto de Froilán y al escritor Carlos espinoza León.
§ AGUIRRE, CARLOS Y WALKER CHARLES (1990) Bandoleros, abigeos y montoneros .Lima. Ed. Industrial gráfica Chavín. 1ed.
§ DEL BUSTO, JOSÉ Y ROSALES, JORGE (2004) Historia de Piura. Piura. Dpto. de Humanidades.
§ LÓPEZ ALBÚJAR, ENRIQUE (1993)Los caballeros del delito. Piura. Ed. CIPCA.
§ ESPINOZA LEÓN, CARLOS (2003) Froilán Alama el bandolero. Piura. Ed. Tallán.
§ CORNEJO AGURTO, RAÚL (1957). Horizontes de sol. Lima. Ed. San Marcos.
§ TAPIA D. , EMILIANO (1987 )Agenda de un combatiente. Trujillo.
§ DIARIO El comercio. (1930). Piura
§ DIARIO El tiempo. ( 1930). Piura
[1] AGUIRRE, CARLOS Y WALKER, CHARLES (1990). Bandoleros, abigeos, montoneros. Lima, Gráfica Chapín, 59.
[2] LÓPEZ, ENRIQUE (1998). Los caballeros del delito. Lima. Ed, 5.
[3] GARCÍA, CARMEN (2006). Testimonio oral. Chulucanas (Piura).
[4] ARCHIVO REGIONAL DE PIURA. Serie: Intendencias de causas criminales. Leg. 450. Exp. 6017. Año 1923.
[5] Cfr. ARCHIVO REGIONAL DE PIURA. Serie: Intendencias de causas criminales. Leg. 450. Exp. 6020. Año 1923.
[6] ARCHIVO REGIONAL DE PIURA. Serie: Intendencia de causas criminales. Leg. 450. Exp. 6032. Año 1924.
[7] DIARIO LA INDUSTRIA (1930). Martes 15 de julio, 3.
[8] DIARIO EL TIEMPO ( 1930). Miércoles 16 de julio, 4.
[9] ARCHIVO REGIONAL DE PIURA. Serie: Intendencia de causas criminales. Leg. 450. Exp. 6082. Año 1930.
[10] ESPINOZA LEÓN, CARLOS (2003). Froilán Alama el bandolero. Piura. Tallán,11.
[11] Ibíd., 20.
[12] Ibíd., 37.
[13] Ibíd., 38.
[14] CORNEJO, RAÚL (1957).Horizontes de sol. Lima. San Marcos., 57.
[15] Ibíd., 62, (el subrayado es nuestro).